La pobreza es una de las manifestaciones más
importantes de la desigualdad y ésta no se ha reducido tanto como se esperaba,
pese a los esfuerzos realizados por los países de la región Latinoamericana.
Según datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL),
el proceso de superación de la pobreza se encuentra estancado desde 1997. Entre
los años 1999 y 2002 la tasa de pobreza sólo disminuyó 0,4 puntos porcentuales,
pasando de 43,8% a 43,4%, mientras que la extrema pobreza creció en 0,3 puntos
porcentuales, abarcando al 18,8% de la población regional (CEPAL, 2002-2003).
En
septiembre del 2000, los Jefes de Estado y de Gobierno de 147 países y 42
ministros y jefes de delegación se reunieron en la Asamblea General de las
Naciones Unidas para estructurar los Objetivos de Desarrollo del Milenio, que
deberán ser cumplidos antes del año 2015[1].
En el primer objetivo se plantea la erradicación de la pobreza extrema, con la
meta de reducir a la mitad el porcentaje de personas cuyos ingresos sean
inferiores a un dólar por día.
Actualmente, Brasil y Chile ya cumplieron con la
meta de reducción de la pobreza extrema a la mitad, mientras que Costa Rica y
México la alcanzarán si mantienen el mismo grado de avance registrado en estos
años. Gracias a su alto crecimiento económico, Perú también está muy cerca de
cumplir con el primer objetivo del milenio. Mientras que Argentina y Uruguay
conforman casos especiales, pues, aunque el progreso ha sido insuficiente, el
punto de partida de pobreza extrema era también muy bajo. Mientras que el
panorama cambia totalmente cuando se analiza el desempeño de países de ingresos
bajos como Haití, Nicaragua, Guatemala, Bolivia, El Salvador y Paraguay.
La desigualdad entre las zonas rurales y urbanas es
también preocupante, especialmente porque en la zona rural confluyen otros factores
de vulnerabilidad, como la mayor concentración de poblaciones originarias. En
1997 más de la mitad de los hogares rurales vivían en la pobreza y cerca de un
tercio, en situación de extrema pobreza. La escasez de oportunidades y de
servicios de todo tipo en la zona rural y los conflictos armados, en algunos
países, han dado lugar a un creciente éxodo hacia las zonas urbanas. Esta
población, por otra parte, suele asentarse en las zonas marginales y de mayor
pobreza de las grandes ciudades, por lo que en la zona urbana también hay una
grave situación de desigualdad.
La situación de pobreza está además estrechamente
vinculada a colectivos que sufren otros tipos de discriminación, situándoles en
una situación de extrema desigualdad. Los pueblos indígenas, los afro
descendientes, los migrantes y otras víctimas de la discriminación tienen
indicadores económicos y sociales inferiores al promedio de la población, en
particular de educación, empleo, salud, vivienda, índice de mortalidad infantil
y esperanza de vida.
En cuanto a las distintas regiones en desarrollo,
el análisis “Indicadores de Desarrollo
Mundial 2007”[2],
destaca que, con 72 años, Latinoamérica es la que tiene una mayor esperanza de
vida, y la menor tasa de mortalidad entre los niños menores de cinco años. El
estudio ya citado recuerda también que América
Latina es la región con el mayor Producto Nacional Bruto per cápita del
mundo en desarrollo y, sin embargo, la que tuvo un menor crecimiento anual (un
promedio del 0.8 por ciento) en el periodo 1995-2005. Esto evidencia un gran
desbalance entre la generación y la distribución de las riquezas producidas.
Por lo demás, la región del este asiático y el
Pacífico se coloca a la cabeza del
mundo en desarrollo gracias a unas elevadas tasas de crecimiento que le
han permitido reducir la pobreza más rápido que en ningún otro lugar. Esta
región muestra también ventajas en educación, al haber alcanzado la
escolarización universal primaria, así como la igualdad de género en el acceso
a la educación primaria y secundaria.
El mundo avanza en su lucha contra la
pobreza extrema, en la que, según el Banco Mundial, aún viven unos 985 millones
de personas, que subsisten con menos de un dólar diario[3]. Un 8,6%
de los latinoamericanos viven en la pobreza extrema, frente al 9% del este
asiático o el 41,1%del África subsahariana.
La globalización ha creado un mundo más insolidario
que nunca. Una vaca europea recibe cada día 4 dólares de subvención. Como dijo
el director de Le Monde Diplomatique,
Ignacio Ramonet: “…En este mundo vale
más ser una vaca europea que una persona pobre…”[4].
Este es un mundo escandalosamente desigual, y querer cambiarlo no es atacar
molinos de viento, sino atacar las desigualdades que están construidas de tal
manera que nosotros, con el esfuerzo colectivo, podemos modificarlas.
Para lograr un verdadero desarrollo
hacia la erradicación de la pobreza en Latinoamérica, se deberá hacer un
énfasis en la lucha contra la corrupción, el aumento de la transparencia en los
gobiernos, la realización de mayores inversiones en educación y salud, la
generación de empleos, construcción de viviendas económicas, el acceso a los
servicios básicos y el control del crimen y la delincuencia.
Bibliografía
Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). (2010)
Disponible: http://www.eclac.org/
Naciones Unidas. (2005). Objetivos de Desarrollo del Milenio: Una mirada desde América Latina
y el Caribe. Santiago de Chile: Naciones Unidas.
[1]
Naciones Unidas. (2005). Objetivos de
Desarrollo del Milenio: Una mirada desde América Latina y el Caribe.
Santiago de Chile: Naciones Unidas.
[2]
Consume, E. (2007). La pobreza extrema en
el mundo se redujo un 21% entre 1990 y 2004. Recuperado el 2 de febrero de 2013, de http://www.consumer.es/web/es/solidaridad/2007/04/16/161785.php
[3]
Consume, E. (2007). La pobreza extrema en
el mundo se redujo un 21% entre 1990 y 2004. Recuperado el 2 de febrero de 2013, de http://www.consumer.es/web/es/solidaridad/2007/04/16/161785.php
[4]
García, K. (2010). ¿Qué está pasando en
el mundo?. Recuperado el 3 de febrero de 2013, de http://www.rebelion.org/noticia.php?id=103709
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